29 julio 2021 8 MIN de lectura

El ¿nuevo? ciclo europeo: Una Unión Europea Reforzada

La pandemia y la crisis económica y social derivada de ella han influido decisivamente en el ciclo político europeo iniciado con las elecciones a la Eurocámara de mayo de 2019, tanto que podría afirmarse que lo reiniciaron a partir de marzo de 2020.

Lo han hecho de cinco maneras:

  1. Facilitando la creación de instrumentos de enorme profundidad que no estaban en la agenda (Next Generation EU, financiado por deuda europea a partir de impuestos comunitarios y gestionada por un departamento del “tesoro europeo” en la Comisión Europea, con todo lo que ello puede implicar en el futuro en ruptura de tabúes a partir de la prueba de la práctica),
  2. Variando el paradigma económico a favor de una política expansiva, tanto monetaria como fiscal, haciendo todo lo contrario a lo aplicado en la Gran Recesión,
  3. Estableciendo prioridades legislativas absolutas, particularmente en lo referido a lo verde y lo digital, sin olvidar la industrialización y el comercio internacional,
  4. Consolidando y validando el papel de instituciones como la Comisión Europea,
  5. Abriendo un horizonte de profundización política en su sentido más amplio, no solo institucional, sino constitucional, incluyendo nuevas atribuciones de competencias y recursos para ejercerlas.

Si bien no es algo nuevo en la historia de la construcción europea que la respuesta a la crisis facilita dar grandes pasos adelante que en la “normalidad” no se habrían producido, seguramente nunca con esta intensidad y extensión, particularmente en comparación con la crisis de 2008, por dos razones: se ha actuado con contundencia y con acierto (aunque siempre se pudo hacer mejor, por ejemplo, con mayor celeridad: un año hasta la aprobación en el Consejo de Economía y Finanzas de los primeros once planes nacionales). En año y medio se han creado instrumentos llamados a perdurar que difícilmente se habrían acordado en décadas de negociaciones (los fondos de recuperación NGEU, el fondo de emergencias SURE, la compra centralizada de compras de vacunas, o el Certificado Covid).

En ese sentido, hay que subrayar que la toma de decisiones no ha estado exenta de dificultades, errores y divergencias, como han puesto de manifiesto a lo largo de la crisis, por ejemplo la primera aproximación de la Presidenta del BCE, las diferencias entre socios en la Cumbre de julio de 2020 sobre el Fondo de Recuperación, o los problemas con las vacunas. Sin embargo, hoy en día puede afirmarse que se ha consolidado un bloque político e institucional mayoritario en el Consejo Europeo, el Consejo, la Comisión y el Parlamento que hace ver con optimismo la segunda parte del mandato europeo, a partir del 1 de enero de 2022.

 

Retos principales para la segunda parte del mandato

  • Dejar atrás definitivamente la pandemia con la inmunidad de grupo garantizada por las vacunas.
  • Cumplir las previsiones de crecimiento y empleo, tanto en la UE como en la eurozona.
  • Conseguir el éxito del despliegue en todos los Estados miembro del Fondo de Recuperación, incluyendo las reformas acordadas con cada uno de ellos.
  • Superar el debate económico a favor de una política monetaria y fiscal eficaz, modificando el PEC y abordando grandes temas como la institucionalización del NextGenerationEU, la deuda europea (Tesoro Europeo), la armonización fiscal (G7 y G20) y la Europa social (Cumbre de Oporto), un nuevo marco de actuación del BCE (la modificación de su marco estratégico en relación con la inflación -2 % flexible- abre la puerta a conseguirlo).
  • Aprobar los grandes paquetes legislativos ligados a lo verde (como el presentado hace unos días por el Vicepresidente Frans Timmermans) y lo digital.
  • Concretar la autonomía estratégica de la UE, aprovechando la amplia coincidencia con la Administración Biden en temas globales, tanto políticos como económicos, fiscales y comerciales (el retorno de una Alianza Transatlántica como corazón de una alianza de democracias). La UE como gran poder normativo global.
  • Acordar conclusiones de peso en la Conferencia sobre el futuro de Europa que aboquen a cambios en los Tratados para culminar la unión política y consolidar instrumentos como el Fondo, la deuda europea y su financiación vía impuestos propios.

Al menos hay un tema que debería abordarse ineludiblemente: solventar la inexistencia de una Unión Europea de la Salud, como ha puesto de manifiesto la pandemia, con la atribución de nuevas competencias a la UE. De hecho, la Comisión ha avanzado una propuesta de reglamento para fortalecer la Agencia Europea del Medicamente (EMA).

Pero también la culminación de la Unión Económica y Monetaria, la Europa social y la extensión de la mayoría cualificada y el procedimiento legislativo ordinario.

 

¿Qué rol cabe esperar para España y para las empresas españolas?

España tiene hoy una relevante influencia en los procesos de toma de decisiones comunitarios, basada siempre en un consenso político, social y ciudadano en los temas europeos fundamentales, que hay que fortalecer y expresar. Hay que mantenerlo y aprovecharlo al máximo: Fondo de Recuperación, 9.000 millones ahora y 10.000 en diciembre, con más de 200 reformas e inversiones a llevar a cabo.

El sector empresarial ha de ser proactivo y prestar gran atención a las decisiones europeas de calado que se esperan en los próximos meses. Este es un buen momento para ser parte proponente en su proceso de adopción en todos los niveles, sea con el Gobierno de España y sus diferentes ministerios, la Comisión Europea, la Eurocámara (con el importante papelque juegan los euodiputados españoles), los gobiernos autonómicos, los reguladores y las agencias.

En definitiva, un nuevo ciclo político, muy intenso, del que saldrán decisiones destinadas a quedarse y acercarnos cada vez más a la unión política europea.

 

Carlos Carnero, Senior Advisor de Vinces.

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