22 junio 2022 8 MIN de lectura

De Andalucía a la Moncloa: las elecciones andaluzas en clave nacional

Andalucía fue hasta 2018 y durante 36 años, el granero de votos del Partido Socialista. Diez años antes, en 2008, un solo partido lograba gobernar en solitario, el PSOE arañaba la mayoría absoluta con 56 escaños.

 

En 2018, las demandas de la ciudadanía quedaron algo más dispersas -llámese multipartidismo- y permitieron brindarle una oportunidad al centroderecha, tras más de treinta años de política socialista. El domingo pasado, el Partido Popular lograba la mayoría absoluta (58 escaños). Un resultado histórico del que conviene no pasar de puntillas. ¿Cómo es posible? ¿Ha cambiado el pueblo andaluz? ¿Se han reinventado los perfiles políticos, lo han hecho los partidos? ¿Tal vez Moreno Bonilla ha entendido en esta última legislatura a la ciudadanía andaluza? ¿Y qué suponen estas elecciones en el plano nacional?

Desde la campaña electoral y tras los resultados, algunos medios de comunicación y algunos partidos políticos han comentado en reiteradas ocasiones que estas elecciones no deben leerse en clave nacional. Del mismo modo que se ha esgrimido con la llegada de Alberto Núñez Feijóo a la presidencia del Partido Popular que “Galicia no es España”, y que poco tiene que ver que lleve en su equipaje cuatro mayorías absolutas seguidas en la autonomía galaica, se ha argumentado que “Andalucía no se puede extrapolar al resto de España”. Claramente, no cabe duda de que la idiosincrasia española es tan rica y diversa que ni Galicia, ni Andalucía, ni Madrid, ni Cataluña, por sí solas logran colmarla.

Sin embargo, los datos sostienen que lo que ha sucedido en Andalucía en estas últimas elecciones (un resultado histórico para el Partido Popular andaluz, la bajada del PSOE, la división en los partidos cercanos a Podemos, la desaparición de Ciudadanos en la cámara andaluza y las expectativas de crecimiento de VOX incumplidas) pueden leerse en clave nacional, por varias razones.

Andalucía marca tendencias electorales

En Andalucía viven 8,427 millones de personas (2021), 6.641.856 de votantes, lo que representan alrededor de un 17% de la población con derecho a voto a nivel nacional. Así mismo, es una comunidad estratégica, ya que, del total de 350, aporta al hemiciclo 61 escaños.

El histórico de resultados electorales en Andalucía en los últimos cinco comicios ponen de manifiesto que el votante socialista ha sido medianamente fiel, pero ha ido variando su posición hacia fuerzas a la izquierda del PSOE y del centro. En este último caso, incluso votando al principal adversario político del PSOE, el Partido Popular.

A nivel nacional, la mayor polarización ha multiplicado las opciones del espectro político y ha mantenido al PSOE a flote. Es destacable que, salvo la excepción de 2015 en las que ganó el PP a nivel nacional y el PSOE en Andalucía, el partido que ha ganado las elecciones generales en Andalucía las ha ganado también a nivel nacional, como ha sucedido también en las de 2018.

De igual modo, la irrupción de nuevos partidos también radica en tierras andaluzas: fue la primera comunidad en la que entraron Podemos  y Ciudadanos en 2015 y supuso el inicio de la consolidación de VOX.

 

Los perfiles de los candidatos en las elecciones de Andalucía tienen una estrategia muy similar a nivel nacional

Durante esta campaña electoral hemos visto que la mayoría de los líderes nacionales han arropado a sus respectivos autonómicos. El perfil moderado y de gestor de Juanma Moreno ha encajado en la hoja de ruta de Alberto Núñez Feijóo.

Salvo en Sevilla capital, la escasa popularidad de Juan Espadas en el resto de Andalucía provocó que fuera Pedro Sánchez quien protagonizase la campaña. Por su parte, Macarena Olona, venía de surcar las olas de la política nacional y el discurso en Andalucía no le ha condicionado el tono. La división  de Adelante Andalucía es equiparable a la fragmentación de Podemos a nivel nacional. Por último, cabe añadir que el traslado de la estrategia del partido de Arrimadas a los movimientos de Juan Marín han llevado a Ciudadanos a la deriva.

 

La ciudadanía no suele apostar a caballo perdedor

La política española a barlovento: la situación económica actual, la precariedad de las familias, el descontento social y falta de comprensión por parte de la ciudadanía ante algunas decisiones diplomáticas del Gobierno nacional han podido incidir en las exigencias ciudadanas del pasado domingo. Ello, unido a la valoración positiva de la gestión del presidente andaluz le ha valido para revalidar la confianza, esta vez, con mayoría absoluta.

Con vistas a los comicios generales, probablemente a finales de 2023 -salvo que el presidente del Gobierno decida anticiparlas, lo que no parece probable ni posible a juzgar por el calendario-, y teniendo en cuenta los últimos sondeos, resultaría verosímil que los votantes se dejasen llevar por el aparente castigo que han mostrado los resultados andaluces al socialismo y quisieran acercarse a nuevas alternativas.

En resumen, a través de los resultados de estas elecciones se ha podido observar que existe un creciente atractivo por la política de gestión y que el aumento del discurso moderado favorece una demandada estabilidad en el campo político. Estabilidad que, tras estos comicios, puede estar vinculada a un posible afianzamiento del bipartidismo. Sin Ciudadanos en el marco político, con Podemos en descenso y sin la participación de VOX a la hora de formar gobierno, puede ser ocasión de preguntarnos si regresan las mayorías absolutas.

Ante los vaivenes de los últimos años y la postpandemia, las demandas de la ciudadanía parecen requerir de una clase política firme, realista ante las necesidades y prudente ante las decisiones.  A babor, o a estribor, una política responsable.

 

Yara García,

Consultora en Vinces

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