27 septiembre 2021 8 MIN de lectura

Elecciones alemanas: todo abierto

Los resultados de las elecciones generales en Alemania han dejado todo abierto. Así que habrá que esperar a las negociaciones entre los partidos representados en el Bundestag (excepto la extrema derecha, con quien nadie se plantea hablar) para saber qué candidato sucederá a Merkel como canciller.

¿Quién sucederá a Merkel?

Los resultados de los comicios, extraordinariamente ajustados entre el SPD y la CDU-CSU, permiten diversas combinaciones para configurar la mayoría necesaria con la que conseguir la cancillería (que puede ser absoluta o relativa, dependiendo de los intentos sucesivos).

Pero, en definitiva, hay tres posibilidades sin repetición electoral: centroizquierda, centroderecha o gran coalición, aunque esta última se sitúe hoy en el último lugar de las preferencias de los candidatos socialdemócrata y conservador.

Por un lado, Scholz reivindica su derecho a formar gobierno como vencedor de las elecciones, aunque lo haya sido por la mínima. Por otro, Laschet se siente capaz de intentarlo pensando seguramente en su mayor capacidad para atraer a los liberales. En medio, los Verdes (que han experimentado una fuerte subida, aunque menor de la anunciada hace unos meses), probablemente más proclives a coincidir con los socialdemócratas, pero sin dejarse incluir en la parte izquierda del hemiciclo.

Es imposible saber lo que terminará ocurriendo en las próximas semanas, pero conviene señalar que en un sistema parlamentario lo normal es negociar, sobre todo en un momento en el que las mayorías absolutas han desaparecido prácticamente en todas las democracias. En todo caso, no hay que olvidar que Scholz ha ganado las elecciones, por poco, pero partiendo de una expectativa que al comienzo de la carrera electoral le situaba como tercera fuerza. Y que Laschet las ha perdido desde unos porcentajes que prácticamente le aseguraban la cancillería.

 

¿Qué ha hecho posible el triunfo de Scholz y la derrota de Laschet en número de papeletas?

Siempre hay muchos factores, pero seguramente se puedan resumir en tres principales en este caso:

  • La incomparecencia de la CDU: el vacío dejado por Merkel no ha sido llenado de forma ni adecuada ni suficiente por Laschet, a lo que habría que sumar el inevitable desgaste de un partido que lleva al frente del gobierno varios lustros;
  • El reconocimiento del SPD como heredero de lo mejor del balance del gobierno de gran coalición, sin sufrir la usura de encabezarlo, algo que ha encarnado a la perfección Scholz;
  • El acierto de los socialdemócratas al volver a ser lo que eran, es decir, un partido de los trabajadores en su sentido más amplio, que ha situado como eje de su campaña lo socioeconómico, dejando de pagar después de veinte años los costes políticos de la Agenda 2000 de Schröder.

Identificar esos factores es necesario para saber qué depararían un gobierno de centroizquierda y uno de centroderecha. Seguramente, si Scholz es canciller los cambios en Alemania se situarían en un programa más social, que eleve el salario mínimo, afronte el empleo precario y busque solución a los graves problemas de los colectivos más golpeados, en coherencia con la “sociedad del respeto” por la que han abogado los socialdemócratas durante la campaña electoral. Qué lejos iría Laschet en una dirección diferente dependería de dos factores: la fuerza negociadora de los liberales y la posición predominante de la CSU, que haría pesar con fuerza la hipótesis de que con su líder como candidato el resultado habría sido notablemente mejor.
La participación de los Verdes en una u otra coalición promovería que la transición energética se afianzara en las prioridades políticas del gobierno y también las reformas sociales, lo que seguramente les acercaría al SPD o, por el contrario, moderaría el liberalismo de Laschet.
Sin embargo, la gran pregunta es si Berlín seguirá con la política expansiva puesta en marcha frente la crisis provocada por el coronavirus o irá reduciéndola. Probablemente, ocurrirá más lo primero con Scholz, aunque, en todo caso, nunca se retornaría a la austeridad defendida por Merkel -y por el propio candidato socialdemócrata- en los primeros años de la Gran Recesión, por mucha presión que hiciera el FDP sobre Laschet. Y esto último tendría una traslación directa en lo que Alemania defendiese en la UE, en la que parece que la política expansiva -fiscal y monetaria- ha venido para quedarse en buena medida.

 

¿Hasta qué punto un nuevo gobierno alemán apostaría por aceptar debatir el Tesoro europeo?

¿Hasta qué punto un nuevo gobierno alemán apostaría por aceptar debatir el Tesoro europeo entrevisto por la financiación del NextGenerationEU o la propia permanencia de este instrumento, convendría en modificar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento o apoyaría la institucionalización de un mecanismo comunitario de reaseguro de desempleo?

Con Scholz, bastante; con Laschet, menos o poco. Ahora, en caso de coaliciones a tres, con uno u otro canciller, la opinión de verdes y liberales tendría su peso y seguramente en dirección opuesta. Cada Estado miembro de la UE, incluyendo España, tendrá que echar sus cuentas sin excluir ninguna posibilidad (como la repetición de una gran coalición incluso a tres) sobre qué camino le facilitaría más las cosas cuando se encara la recuperación de la crisis económica y social provocada por el coronavirus. En nuestro caso, parecen claras.

Una penúltima consideración: si Scholz es canciller, los socialistas verían crecer de forma relevante su influencia en el Consejo Europeo y los conservadores no estarían a la cabeza del gobierno en ninguno de los mayores países de la UE y la eurozona.

En fin, lo único que no está en cuestión es la estabilidad de Alemania y, por lo tanto, del panorama político europeo, por mucho que dure la elección del nuevo canciller y la formación de su gobierno. En eso podemos estar tranquilos.

Carlos Carnero, Senior Advisor de Vinces.

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