30 noviembre 2021 5 MIN de lectura

¿Motivos para el optimismo económico?

Cada vez que parece ir todo mejor, hace su aparición un problema que nos hace dudar. Si es así en la vida cotidiana, ¿por qué no debería serlo en el esfuerzo global frente al virus, tanto en lo sanitario como en lo económico y social?

En el día a día no tiramos la toalla cuando aparece un problema. Al contrario, tratamos de solucionarlo y, en todo caso, nos preguntamos si la línea que nos hemos marcado es la correcta para poder hacerlo organizadamente con cada uno de los que vaya surgiendo.

En el caso de ómicron, corresponde antes que nadie a los investigadores descifrar la nueva variante y adecuar las vacunas para combatirla. Por ejemplo, la compañía española Hipra considera que estaría en condiciones de adaptar su vacuna (la primera plenamente europea, que podría recibir la aprobación a comienzos de 2022) con cierta rapidez.

Al mismo tiempo, es inexcusable que los gobiernos asuman que el combate contra el virus debe ser universal o no será eficaz, por mucho que en los países ricos el índice de vacunación haya alcanzado niveles satisfactorios. África no es otro mundo, sino el mismo que el nuestro.
Es verdad que la aparición de ómicron ha introducido interrogantes sobre linealidad de la recuperación económica.
Indudablemente, la evolución del virus introducirá saltos, subidas y bajadas coyunturales en el crecimiento económico, y de forma asimétrica.

Sin embargo, la cuestión no es dilucidar si habrá parones o retrocesos coyunturales en la recuperación, sino si la política económica puesta en marcha de forma casi universal funciona y seguirá haciéndolo pese a los obstáculos que el Covid-19 vaya poniendo en el camino.
La respuesta es afirmativa: funciona y funcionará. De hecho, sin una política monetaria y fiscal expansiva como la aplicada en la UE (vía Banco Central Europeo o NextGenerationEU), los Estados Unidos, Japón y los países más desarrollados, las consecuencias de la pandemia habrían sido catastróficas para la economía… y la democracia, no nos engañemos.

Claro que hay cuestiones sin resolver, como la desigualdad. Pero sin el retorno al crecimiento y la creación de empleo, afrontarlas no sería difícil, sino imposible. De ahí que el nuevo paradigma keynesiano frente a la crisis (opuesto 180 grados a la austeridad de la financiera de 2008) haya venido para quedarse. Deuda, inflación, cuellos de botella son asuntos esenciales a tener en cuenta, pero siempre desde un punto de vista: volver a crecer.
Y hacerlo de otra manera, verde, digital, inclusiva y cohesiva. Lo que implica invertir para transformar, fomentando la resiliencia económica y social, porque debemos saber que siempre habrá cisnes negros y debemos estar preparados.
Lo que implica tener capacidad para gobernar una globalización que debe continuar, pero con parámetros diferentes.

Ese pensamiento enmarca, por ejemplo, el acuerdo para la formación del gobierno semáforo en Alemania, con la relevancia que ello tiene.
Como afirmaba hace unos días el investigador y profesor Federico Steinberg en una sesión de trabajo con el equipo Vinces, la situación sigue siendo incierta y compleja, todavía estamos en la niebla, pero la economía se está acelerando.
De forma que las empresas españolas y europeas tienen que aprovechar el tirón de la recuperación del crecimiento y la transformación estructural para actuar a pleno ritmo. Mirando siempre al contexto, pero sin temerlo.

Sí, podemos ser optimistas.

Carlos Carnero, Senior Advisor de Vinces.

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